En tardes como esta en la que no te tengo entre mis brazos, suspiro. Quiero creer que la ventana está abierta por algún motivo. Las nubes componen el manto que cubre el sol, receloso de salir. La ciudad está tranquila y yo, en silencio. Puedo pensar en mil cosas a la vez, sin conseguir centrarme en alguna. Es posible que acabe por volverme loca. Hablaré sola para que tú me escuches en la distancia. Todo lo que digo tiene doble significado. A veces me gusta estar así, hasta que llegas con tu sonrisa que lo ilumina todo. Verás, me embriaga tu forma de pestañear hacia el horizonte. Pero no te veo, y pienso. Pienso que todo lo que digo jamás lo escucharás y que no vale de nada ocupar mi tiempo en esto. En tardes como esta te siento distante, y a la vez tan cerca como si me estuvieras tocando. Miro a mi alrededor y no te veo, pero sé que estás ahí. Posiblemente tú no estés haciendo lo mismo, o sí. Algún día moriré por tus besos, lejanos como lo están ahora, como lo está tu boca de mí. Y callaré mis sentimientos para que los descubras, para que sepas en realidad que todo lo que hago lo hago por ti.
Mientras, esperaré escondida en el rincón más remoto de tu alma, con el fin de que eternamente me conserves contigo.
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