Y tú eres el que me llama guapa. El que me llama princesa. El que hasta cuando estoy triste me llama preciosa... Bonito es todo lo que sale de ti, todo lo que desprendes con esas ganas de querer(me). La forma en que me miras y tu sonrisa, siempre dejando entrever el fondo que te hace diferente. Me parece bonito hasta tu forma de pestañear, hasta cuando estás pensando y no pegas en mí los ojos. Bonito es abrazarte durante minutos y no soltarte nunca más, y es difícil dejar de besarte y despegarme de tus brazos. Me siento pequeña y protegida así, de ninguna otra manera. Es pasar el tiempo junto a ti y querer pararlo para no tener que repetir un hasta mañana mi amor, querer pasarlo todo contigo y no poder evitar sentirlo así. Bonito es la tranquilidad que me transmites cuando te quedas dormido en mi regazo, cuando puedo acariciarte sin pensar en que hay un mundo ahí fuera. Contigo olvido todo lo difícil. Es hacer que todavía me sienta emocionada cuando oigo tu voz, cuando simplemente te escucho y mientras tú hablas, me paro a pensar en lo mucho que me encanta estar contigo y en que ese pensamiento no lo podré abandonar nunca. Bonito es que estemos juntos para las buenas y para las malas, para las risas y para los llantos, para las discusiones y para ser felices otra vez. Porque eso es lo que hacemos, ¿no?. Bonito es imaginarse el presente y el futuro a tu lado y saber con certeza que las cosas buenas que ocurren en la vida no vienen porque sí, saber con certeza que lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es haberte conocido y que sin duda, olvidando los detalles, eres un pasado maravilloso. Bonito es despertarse por las mañanas y acostarse por las noches pensando en ti. Cuando todo lo que ves, lo que vives, lo que oyes, lo que sueñas, tiene que ver contigo. Es ser incapaz de imaginar una vida sin tu mitad, sin una parte de tu corazón.
Bonito es convivir con lo mejor que te ha pasado en la vida. TÚ
miércoles, 18 de diciembre de 2013
martes, 22 de octubre de 2013
26.
Esta es una de las noches en las que recuerdas lo que has sido y lo que realmente te gustaba. Pasar horas sumida en la oscuridad iluminada por el destello de tus letras, aquellos días grises de pensamientos en silencio y escribir para sentir que tu alma se desahogaba en tan sólo un efímero párrafo. Los que ya han pasado. La historia cambia de protagonistas y te das cuenta que, al fin y al cabo, vale la pena reescribir tu novela, tu vida.
Aquella que, desesperadamente, buscaba un final feliz, algo que te dé fuerza para despertar cada mañana con una sonrisa, alguien. El que un día te dijo -"Te voy a enamorar"-. Por el que perdiste la cabeza con las primeras palabras en rojo marcadas en la piel. Te escribo a ti porque mereces que pare el mundo para estar contigo, que me levante de madrugada para abrazarte si tienes frío. A ti porque me siento viva cada vez que te miro, y atravieso tu alma a través de tus pupilas en forma de abrazo distante. Sería capaz de abrazarte durante horas, quieta, con los ojos cerrados, respirando el olor de tu pelo, de tu cuello, de tu ropa. Podría incluso quedarme toda la noche despierta observando tu sueño, y me conoces. Sabes que me duele estar sin ti, aunque sea unos minutos, y no pensar en ti es algo improbable en la historia que habita en mi mente, esa que reescribí. Ignoras que te tengo aquí a mi lado a diario, mirándome fijamente mientras, ahora, soy yo la que duerme, que te tengo en mis sueños donde la vida es más fácil porque no tienes que vivirla. Pero piensa, no hay mejor vida que aquella que se vive contigo.
Eres el aire que respiro. Déjame un resquicio de tu aliento si te marchas, recuerda que sin ti muero, y gracias a ti vivo.
Aquella que, desesperadamente, buscaba un final feliz, algo que te dé fuerza para despertar cada mañana con una sonrisa, alguien. El que un día te dijo -"Te voy a enamorar"-. Por el que perdiste la cabeza con las primeras palabras en rojo marcadas en la piel. Te escribo a ti porque mereces que pare el mundo para estar contigo, que me levante de madrugada para abrazarte si tienes frío. A ti porque me siento viva cada vez que te miro, y atravieso tu alma a través de tus pupilas en forma de abrazo distante. Sería capaz de abrazarte durante horas, quieta, con los ojos cerrados, respirando el olor de tu pelo, de tu cuello, de tu ropa. Podría incluso quedarme toda la noche despierta observando tu sueño, y me conoces. Sabes que me duele estar sin ti, aunque sea unos minutos, y no pensar en ti es algo improbable en la historia que habita en mi mente, esa que reescribí. Ignoras que te tengo aquí a mi lado a diario, mirándome fijamente mientras, ahora, soy yo la que duerme, que te tengo en mis sueños donde la vida es más fácil porque no tienes que vivirla. Pero piensa, no hay mejor vida que aquella que se vive contigo.
Eres el aire que respiro. Déjame un resquicio de tu aliento si te marchas, recuerda que sin ti muero, y gracias a ti vivo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)