Esta es una de las noches en las que recuerdas lo que has sido y lo que realmente te gustaba. Pasar horas sumida en la oscuridad iluminada por el destello de tus letras, aquellos días grises de pensamientos en silencio y escribir para sentir que tu alma se desahogaba en tan sólo un efímero párrafo. Los que ya han pasado. La historia cambia de protagonistas y te das cuenta que, al fin y al cabo, vale la pena reescribir tu novela, tu vida.
Aquella que, desesperadamente, buscaba un final feliz, algo que te dé fuerza para despertar cada mañana con una sonrisa, alguien. El que un día te dijo -"Te voy a enamorar"-. Por el que perdiste la cabeza con las primeras palabras en rojo marcadas en la piel. Te escribo a ti porque mereces que pare el mundo para estar contigo, que me levante de madrugada para abrazarte si tienes frío. A ti porque me siento viva cada vez que te miro, y atravieso tu alma a través de tus pupilas en forma de abrazo distante. Sería capaz de abrazarte durante horas, quieta, con los ojos cerrados, respirando el olor de tu pelo, de tu cuello, de tu ropa. Podría incluso quedarme toda la noche despierta observando tu sueño, y me conoces. Sabes que me duele estar sin ti, aunque sea unos minutos, y no pensar en ti es algo improbable en la historia que habita en mi mente, esa que reescribí. Ignoras que te tengo aquí a mi lado a diario, mirándome fijamente mientras, ahora, soy yo la que duerme, que te tengo en mis sueños donde la vida es más fácil porque no tienes que vivirla. Pero piensa, no hay mejor vida que aquella que se vive contigo.
Eres el aire que respiro. Déjame un resquicio de tu aliento si te marchas, recuerda que sin ti muero, y gracias a ti vivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario