No llueve. La luz está accesa y “Crimen y castigo” se pierde entre la soledad de la habitación marcado con un cutre marcapáginas de biblioteca. La calavera se agarra a las paredes sin querer salir por la rendija, me tapona los oídos para que entienda sus letras. Entre murmullos de cartón se me vienen a la cabeza los pasados y los presentes, las mesas verdes, vidas paralelas y alejadas que posiblemente no vuelvan a mirarse, el caminar de los viernes por la tarde. Basta con pararse a escuchar, la típica rutina de pensar, confundir la mente con un rompecabezas sabiendo que ya lo es. No hay nada como las noches de soledad acompañada, de ratos libres y de rebuscar entre lo invisible. Y quedarse dormido escuchando, soñando, pensando que pueda ser verdad que te quedes hasta que lluevan pianos.
jueves, 29 de septiembre de 2011
cerebro colapsado,
Suscribirse a:
Entradas (Atom)