Probablemente haya días en la vida de cualquier persona que no sean agradables, y también los hay de esos que te tienen sonriendo todo el día sin permitirte pegar los labios ni un solo segundo. Hoy quizás no fue un buen día para ella. Quizás nunca había sentido tantas cosas a la vez, tantos sentimientos que podían cambiar con un solo movimiento del otro, el que estaba a su lado, el que la cogía de la mano sin saber qué era exactamente lo que pasaba por su cabeza. Hay lágrimas que caen al suelo y otras que desembocan en los labios. Nadie, ni él mismo, se daba cuenta de que unas querían suicidarse, y las otras solo necesitaban un poco de cariño.
Daba igual el tiempo que pasara, los segundos se hacían horas, los minutos, días. Era un silencio inquietante que nunca se rompía, y solo sus impulsos de querer echarlo todo, de querer sacar la rabia que sentía por la impotencia, por no saber qué hacer, qué decir, ni qué pensar, solo aquello osaba querer acabar con un silencio que no llegaba a ninguna parte y que moría entre un espacio ocupado por los mismos que un día se dijeron que se amaban.
Nunca se valora un beso hasta que de verdad se necesita. Y ella lo necesitaba, por encima de todas las cosas. Si le hubieran dado a elegir en ese momento entre vivir y recibir un beso suyo, no lo dudaría ni un instante. En momentos como ese ella se da cuenta de lo que es querer sin necesitar nada a cambio, de lo que es sentir de un modo infinito, de que la idea de perderlo le aterraba desde las pestañas hasta los tobillos.
Probablemente se hubieran dicho muchas cosas que rompían la rutina, que rompían las sonrisas y los buenos momentos. Recapacitar no era lo que ella deseaba. Solo necesitaba escuchar esas palabras, esos labios que se aproximaban, que se deslizaban lentamente. Nada es mejor que un beso cuando el único deseo es probarlo. Sentir como su respiración recorre todo tu cuerpo con la sensación de nunca querer parar ese momento, de morir con los labios pegados y los ojos cerrados.
Nunca había sentido que la vida pudiera ser tan difícil a veces, pero quizás lo único que pudo parar el suicidio de aquellas pequeñas lágrimas, fue el beso más profundo de toda su vida.